Mayo 8, 2008
Noches sin palo en su piruleta
Posted by PEtEr under Ella, Ensayo, La Otra | Etiquetas: amor, Desamor, dulces, mujer, Noches, piruletas, sombras |No Comments
No sé a quién, de mis multiples ausencias, quiero echar más de menos hoy. No son demasiadas pero son tan lejanas e inalcanzables como el helado de vainilla de un niño sin dinero y sin padre en los bolsillos. Son noches melódicamente silenciosas, noches de canciones con vaivenes en su volumen, parecidas a un disco compacto con defectos que salta de canción en canción, de párrafo a estribillo; noches sin cena, y con labios de mujer del color de la gelatina, brillantes y de trago tan largo y apetitoso que al mirarlos de reojo apetece comérselos; pero que, cuando tendrían que sufrir el acero de la realidad, en forma de cubierto, de grito, en forma de cena de amantes en celo, se quedan sin el sabor y la sal que brindaría en ese caso la realidad. Noche de niños huérfanos, de frío húmedo primaveral, de vientos parapetados frente al cristal; todos ellos bondadosos, ellos sí, con mi medio natural. Noches sin chocolate, ni padre al cual sentir respirar como hace veinte años, como cuando vivía. Después vendrá el descanso solitario de teta caída, de sexo seco y vinagre en la mesilla; pero eso será después.
Cine de madrugada que no llega nunca a mostrar los subtítulos, y que por dejadez queda mudo. Series de televisión sin volumen, sin palabras, sin reflejos ni dulces, y sin nadie que aproveche los anuncios para hacer la cena. Noches sin palo en su piruleta, sin niño ni embarazada. Sombras en el suelo que hacen parecer del parquet un parte clara del calabozo, aun no habiendo luz ni ventanas en esta noche cerrada.
Llega un ligero crujido de una de las plantas con maceta y humo de un cigarro. Recuerdo que mañana si habrá alguien al otro lado de la cena, con cara de postre y ganas de leerme. Supongo eso, por suponer, con la esperanza del que sabe, al mirar de noche, que podrá ver. Si es cierto o no, eso no lo sé. Pero acabo, ahora mismo, de vivir el placer de pensarlo, fugaz como la noche del extenuado, intenso como el permiso del soldado. Noche sin piruleta en su mástil, qué hermosa pareces, cuando es ella y no otra quien me come y me lee.
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