Sé que deseas algo inesperado, algo que te deje con el gesto pálido y con una detenida sonrisa que te haga pensar. Creo que no sabes donde vas ni porqué peleas. También percibo reflejos de necesidad de besos, en forma de tormenta mañanera. Besos abruptos, sádicos y quizá robados, que después nos dejaran con los pantalones bajados. Siempre que me despido de ti, lo percibo. Es como un pequeño imán que tienes y yo tengo, una polaridad negativa mas otra positiva que llevas escondida dentro. Necesito tocarte. Apenas rozarte. Es eléctrico y me deja hervido. ¿Qué diferencia hay entre el amor y un deseo tan intenso? Si alguien sabe la respuesta, por favor, que me escriba a mi correo.

Porque, aun no siendo verdadero, aun no siendo nada que mueva uno solo de mis dedos, es tan, tan intenso, que merecería la pena irse de cabeza al muro del tropiezo. Quizá sea porque estoy al límite del enamoramiento, al límite absurdo que marca cómo y cuándo voy a caer sin mas motivo que el impulso dirigido por algo que no soy yo. Quizá sea la naturaleza que se revela al darse cuenta de que no tendré descendencia. El grito aterrador del niño que no ha nacido por mi culpa, que gime y protesta al verla.

Llegaste ayer a casa, cogiste su manta y te colocaste de una manera exacta. Sin saberlo, sin darte cuenta de nada, calcaste el gesto de un antiguo amor que estuvo sentada en el mismo sitio donde tú descansabas. Con el gesto de padecer frío, de taparte cuando no hacía frío, parecías susurrar que me querías dentro, dentro de la manta donde antes hubo amor verdadero.

.

manta.jpg