Bella diosa, de capa blanca y pantalones vaqueros pitillo, deseo poder llegar a verte traspasar el umbral que nos separa. Por un momento, llegue a sentir que se apagaban las luces y eché de menos tus sombras sin haberte visto. Me quedé sin poder llegar a ver como te cambiabas de ropa y, allí clavado, eché de menos tus besos que todavía no puedo recordar, eché de menos tu mano sin haberla cogido, tu perfume sin olor, tu anillo.
Si la vida fuera fruta fresca, ya te hubiera exprimido, pero la vida no es más que una confusión de ideas y en medio un puñado de huesos, diálogo y, para los afortunados, algo de cariño.
Vida repleta de palabras ahogadas entre dos océanos que no tienen nada que decirse. Estacas sobre huesos quebrados y para colmo apenas diviso un poco de brillo en el cristal, y se hace de noche sin que suceda nada que pueda detener el ocaso de mi sino. Señora que es dueña de la existencia y que tiene el poder de dejarte desnudo dos veces. La primera sin avisar, directo al acantilado del frío. La segunda avisando, pero sin tiempo de saber dónde está el calor del camino. Recuerdos que intentan construir un presente, remedios caseros contra el silencio, balcones sin piso que te hacen precipitarte al vacío. Bella diosa, de capa blanca y pantalones pitillo, deseo poder llegar a ver como nos besamos sin desvanecernos entre el vaho que derraman tus labios, por culpa del frío.
.

ONCE: Falling Slowly