Llámame puta pero ‘tómate un vino conmigo esta noche’ y luego…ya veremos. Escrito así sin más, entre comillas sobre la primera línea, suena sincero, y hasta con un cierto aire enológico; entre líneas algo gracioso; si hubiera sido por soledad, comprensible; por ego, lamentable. Si fuera para bailar, no te diría que no. De todas maneras me cansé de bailar contigo, me robas mi energía, no me miras a los ojos cuando te beso y cuando te equivocas y los miras parece que quisieras buscar tu imagen en ellos.

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Egoísta quedadas forzadas por internet o por un móvil que agoniza. Quisiera tener hoy palabras para explicarme.

Nunca te besaré, con los labios, si no me miras. Me da la sensación de que pareces querer que me comporte como un cabrón y que, después de soportar a ratos tu cara durante unas horas sobre la pista de baile, quieres ir a mi casa para ‘amarte’. Otra vez entrecomillo por no herir. Follarte sería el verbo, y al considerarlo, follaría, en condicional.

¿Qué hacer cuando una desconocida, conocida hace un año, te propone salir? ¿Por qué queremos que nos adulen sin nada a cambio? No soy un bailarín de alquiler gratuito, todavía tengo precio, suela en los zapatos y algo de dignidad emocional. No escribí nunca un cartel de ‘se vende’ y, además, discernir los riegos, el desgaste de colocarme entre dos pitones cuarentones, es un ejercicio obligado para el que no quiere salir herido. ¿Por qué lo llamas bailar cuando quieres decir varar? ya que no tendremos ni vela ni aire. No me gusta estar donde apenas se ve. Sácame del baúl de tus fracasos, por favor.

‘Parece que no asumen su decadencia’─me dijo ayer un buen amigo─. No creo que sea cuestión de edad, más bien de una mentalidad que, ya no es que no asuma el pasar de sus días, es que para colmo parece desconocer que para los demás sí pasan: los adolescentes se convierten en respetables señoritas, de ayer a hoy. Me parece perfecto tu decisión de no enrocar a la reina, pero eso sí, no mires para otro lado cuando los peones avancen y amenacen el reinado de alguien que quién sabe si algún día tuvo corona.

Amo a una belleza sincera, que no pregunta, ni espera, y únicamente refleja ese cruel sentimiento que es el amor. A la otra no. Aunque el tiempo deje de ser rentable y las carnes endurecidas haya que cocerlas para poder comerlas, nada cambia, nada altera la esencia de besar y ser besado. No quiero que me ames, quiero que ames. En fin, amo esa sonrisa sincera que nace hermosa por suave y que acaba dormida, sola y con los labios entreabiertos. El resto no se parece en nada ni a nada de lo que yo aprecio.